El domingo de la verdadera riqueza 18 TO ciclo C

El domingo de la verdadera riqueza 18 TO ciclo C

“Lo que has acumulado, ¿de quién será?”

Buenas,
el Evangelio de este domingo retrata el hombre contemporáneo, o sea cada uno de nosotros. En nosotros se dan dos influencias claras: una que trae nuestro ambiente y que nos llena de atractivas ofertas de bienes materiales, lujo, comodidades, etc y nos infunde la idea de que se es feliz con ello y que nos hace poner nuestras miras en trabajar y vivir para conseguir cosas y experiencias materiales. Eso potencia en nosotros la avaricia, la codicia, la gula, la ambición material y “a vivir que son dos días…”.
La otra influencia y que se convierte en tendencia, nace de nuestro interior y son aquellas inclinaciones torcidas y egoístas de acumular y poseer, dominar y aparentar, de poder…vanidad de vanidades..Las consecuencias de ello son la sequedad espiritual, el vacío interior, la insatisfacción personal, en definitiva la infelicidad permanente y la sensación continua del querer cada vez más en una espiral interminable. Consecuencia es también la progresiva insensibilidad hacia las necesidades de otros y la utilización de los demás para nuestro propio fin interesado. En definitiva, la ruptura con nosotros mismos, con los demás y con Dios.
Es un domingo para examinar esos influjos y tendencias en cada uno de nosotros y para no convertirnos en juguete ambiental o de nuestras propias inclinaciones torcidas.
Ojalá nos demos cuenta de qué tipo de pobreza nos regala Jesús para que seamos verdaderamente ricos.
Feliz semana y un abrazo,
Paco

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 13-21

 

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para SÍ y no es rico ante Dios».

Palabra del Señor