El domingo de la vid y los sarmientos 5 Pascua ciclo B

El domingo de la vid y los sarmientos 5 Pascua ciclo B

 

Buenas,
este domingo la liturgia nos trae otra bella imagen para comprender quién es Jesús y las condiciones para ser sus discípulos y para vivir una fe verdaderamente auténtica. Yo soy el Buen Pastor, la puerta, el Camino, la Verdad y la Vida, el alfarero, la vid…y el Padre el viñador y nosotros los sarmientos.
El sarmiento muere y no da fruto si no está inserto y enraizado en la vid. Permanecer en El porque sin El nada somos ni podemos hacer nada. Esa permanencia se nutre de una fe sólida, de una experiencia de encuentro con el Señor en la historia y el presente de mi vida. Por eso es necesario pedirle al Señor esa unión con El, que nunca nos separemos para no secarnos, en definitiva para no perder la verdadera vida y poder dar fruto a nuestro alrededor.
Del Señor lo recibimos todo, los dones, lo mejor de nosotros mismos, la fuerza que nos capacita para vivir en plenitud, la esperanza, el don de la fe y la capacidad para vivir desde el Amor con mayúsculas. Nos da esa savia y ese alimento de su Cuerpo y su Sangre, nos da lo esencial y lo importante. Sin El nada somos ni podemos dar ese fruto. Ojalá entendamos esto, ojalá la Humanidad se diera cuenta de esto. Ojalá podamos comprobar esto en nuestra vida porque el alejamiento de Dios da pie al pecado y con El a sus obras: violencia, división, odio, envidia, rencor, etc y así nos va.
Señor, que permanezcamos siempre en Ti.
Feliz semana y un abrazo,
Paco

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Lectura del santo evangelio según san Juan (15,1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Palabra del Señor